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Santa Cruz no está muerta, como nos quieren hacer creer, sino cansada, aburrida de enfrentarse cada mañana a los mismos problemas. Entre 2007 y 2014 la crisis destruyó casi el 20% de nuestro tejido productivo, con la desaparición de más de mil empresas del sector servicios. En ese período el paro registrado creció más del doble, llegando a alcanzar casi los 30.000 desempleados. Afortunadamente, la situación macroeconómica ha comenzado a revertirse en nuestro país, gracias al esfuerzo de todos los ciudadanos y a las reformas emprendidas por el Gobierno de la Nación. Pero no es suficiente, la administración local tiene que hacer también su trabajo para que la recuperación económica llegue a todos cuanto antes. El Ayuntamiento debe gestionar mejor sus recursos y planificar con mayor ambición el desarrollo de la ciudad. Santa Cruz está viva, muy viva.
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Santa Cruz ocupa una extensión de unos 150 kilómetros cuadrados, pero más del 80% es suelo protegido. Si descontamos el suelo urbano consolidado (la ciudad ya construida), nos queda disponible poco menos del 5% de superficie para crecer: de ahí la importancia de hacerlo de manera inteligente, sostenible y racional. Aunque en 2014 se aprobó por fin la revisión del Plan General, después de más de una década de tramitación, ahora queda por levantar las suspensiones impuestas sobre el 80% del suelo urbano, y desarrollar 19 de los 22 Planes Parciales pendientes de redactar en suelo urbanizable. Hay margen para crecer, para atraer la inversión pública y privada, para regenerar nuestra economía y crear nuevos puestos de trabajo.

Puede y tiene la obligación de hacerlo. Aunque las políticas de empleo no son competencia directa de las corporaciones locales, nuestro ayuntamiento tiene un amplio margen de actuación para favorecer el consumo, el crecimiento económico y la creación de nuevos puestos de trabajo. Reactivar la ciudad exige un gran pacto entre todos los agentes sociales para desarrollar ordenadamente el planeamiento -paralizado durante más de una década por la revisión del PGO-, facilitar administrativamente la actividad de la iniciativa privada y aplicar incentivos fiscales a emprendedores y empresas para la creación de empleo.
Bajar los impuestos es posible y la ciudad lo necesita. La presión fiscal en Santa Cruz ha crecido un 75% en los últimos cuatro años. Justo en el peor momento de la crisis, hemos pasado de los 327 €/habitante de 2011, a los 572 €/habitante de 2015. El incremento medio supone unos 245 € más al año que paga cada ciudadano. Esta desproporcionada subida supone un sobreesfuerzo para las economías familiares, castiga a los emprendedores y perjudica nuestra competitividad a la hora de atraer inversiones. Es urgente revisar la presión fiscal en Santa Cruz y equipararnos progresivamente a otras ciudades de nuestra dimensión y entorno. En Las Palmas, la presión fiscal es unos 150 € menor por habitante.
Lamentablemente, no es cierto que el Ayuntamiento haya saneado en profundidad sus cuentas en los últimos ejercicios. La deuda solo se ha reestructurado y alargado en el tiempo.  En el año 2011 el endeudamiento municipal alcanzaba los 128´8 millones de euros. Al cierre de 2013 había aumentado hasta los 131´6 millones de euros. Es decir, la deuda creció en 2´8 millones de euros en dos años. Esto supone un nivel de endeudamiento cercano a los 500 € por por habitante, frente a los 344 € por habitante de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Nuestro endeudamiento per cápita es un 45% superior. La próxima liquidación del ejercicio 2014 nos permitirá conocer la evolución de esta situación, como resultado de los planes de saneamiento de las administraciones públicas establecidos por el Gobierno de la Nación.

En los cuatro últimos años el presupuesto municipal ha crecido un 28%, algo incongruente en el periodo de mayor ajuste de las cuentas públicas y privadas de nuestra historia reciente. Mientras todos nos apretábamos el cinturón, el Ayuntamiento de Santa Cruz ha pasado de los 170 millones presupuestados al inicio del presente mandato, en 2011, a los 218 millones de euros previstos para 2015. El problema no es solo seguir aumentando los gastos, sino hacerlo de manera inadecuada y poco eficiente, pues la mayor parte del esfuerzo financiero va destinado a sostener una administración municipal sobredimensionada, demasiado costosa y lenta, que no responde a las demandas de los ciudadanos.
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Por supuesto que sí. Santa Cruz siempre ha sido una de las ciudades más limpias del país, gracias al civismo y compromiso de nuestros vecinos. Otra cosa es que el servicio de limpieza y recogida de residuos se haya deteriorado. Los ciudadanos de Santa Cruz pagamos más de 61.000 € al día para mantener limpia nuestra ciudad. El costo del servicio supone un desembolso de 22´3 millones de euros al año. Se ha incrementado casi un 4% entre 2011 y 2013, y ese aumento no se ha reflejado en una mejora notable de las prestaciones. Es el mayor gasto del presupuesto municipal, y podría optimizarse con una reorganización del servicio, de los medios materiales, recursos humanos y horarios.

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Está claro que no. Para comprobarlo basta darse una vuelta al anochecer por cualquier barrio o por el mismo centro de la ciudad. Nos gastamos cada año casi 5 millones de euros solo en el mantenimiento del alumbrado público -sin contar el suministro energético-, y por ese precio podríamos disponer de un sistema de iluminación más eficiente y ecológico. La iluminación de la ciudad no es solo una cuestión estética y de seguridad, sino también de dinamización económica y de hábitos de vida y consumo.

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Santa Cruz es la ciudad más cara de España en la cuota fija de abastecimiento del contador (13 mm), y también la más cara en el servicio de alcantarillado, según el último informe comparativo de tarifas realizado por la organización de consumidores, FACUA (referido al ejercicio 2013). En cuanto al suministro de agua, tenemos el tercer precio más elevado de todo el país: Para un consumo medio de 10 m3 con un contador de 15 mm, los precios más caros mensuales son los que se abonan en Alicante (45,57 euros), Murcia (35,13 euros) y Santa Cruz de Tenerife (23,96 euros). Nada justifica este elevado costo, y menos la privatización de la compañía, que se realizó en el año 2006 para conseguir justo lo contrario: un servicio de mayor calidad y más económico.

El primer convenio puerto-ciudad para resolver el encuentro de la capital con la actividad portuaria se firmó en 1991. De aquel acuerdo solo quedan el deseo de los ciudadanos de Santa Cruz por recuperar el mar y la frustración colectiva por no conseguirlo. El resto cayó en el olvido, después de más de 20 años de desencuentros y falta de entendimiento entre el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria. Es urgente recuperar el consenso entre ambas instituciones.

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No, y podríamos tenerlo a cambio del elevado precio que pagamos. El Ayuntamiento de Santa Cruz desembolsará en 2015 más de 14 millones de euros al Cabildo de Tenerife por las líneas urbanas de la compañía TITSA. El costo del contrato programa se ha incrementado en 2´2 millones de euros desde 2011. En consecuencia, pagamos un 20% más que hace cuatro años, pero no disfrutamos de un servicio un 20% mejor. Al contrario, se han reducido las líneas, las frecuencias y la ocupación. Y aunque el servicio lo pagamos entre todos, la cobertura de las líneas urbanas solo alcanza al 62% de la población (en un radio de 150 metros, distancia atractiva para el acceso y dispersión del transporte público urbano, según el Plan de Movilidad Urbana de Santa Cruz).

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Tampoco. El precio del billete urbano se ha encarecido más de un 19%, y el bonificado más de un 17%. Este incremento aprobado en 2012, en el peor momento de la crisis económica, ha castigado injustamente a las economías familiares, ha reducido el número de viajeros y no se ha traducido en una mejora de la red de transporte. Resulta urgente la renovación de la flota de guaguas, que en Santa Cruz acumula una antigüedad media de unos diez años. Es necesario rediseñar las líneas y frecuencias, para la eficiente convivencia del transporte urbano, metropolitano e interurbano. Un servicio de guaguas económico, rápido y eficaz es una herramienta imprescindible en la dinamización económica de la ciudad, el acceso al empleo y la integración de los barrios.